No te imaginas lo difícil que es ser
exhibicionista en invierno.
Bueno, la verdad es que no hace falta
ser muy imaginativo para figurárselo, pero
no quiero decir duro, sino DIFÍCIL.
Está lo del frío, claro, pero suelo
estar demasiado caliente para pensar en él.
Un chiste de exhibicionistas. Vale, no tiene
mucha gracia, pero mi hobby me quita el
tiempo en el que podría pensar chistes nuevos.
Je. Otro. Bueno, a lo que iba, no me molesta
el frío en sí (para algo hay abrigos de piel...
Ya se que está muy mal lo de cargarse animales,
pero es taaaan cálido...), sino lo engorroso
que es mantener una erección. Ya sabes,
hay que estar presentable para el público.
No es cuestión de saltar delante de una bella
señorita con el aparato colgando, es demasiado
ridículo. Aunque, pensándolo bien, a ti
mi pequeña desviación te parecerá ridícula en
sí. A la mayoría de psicólogos les parece una
aberración digna de la total eliminación (y sin
haberlo deseado, me ha salido un pareado); y
los que no cesan en su empeño, son internados.
Los llaman enfermos mentales. Yo prefiero llamarme loco. Por cierto, ¿te has dado
cuenta de que cejan en su empeño se ha convertido
en una auténtica perífrasis?... Bueno,
era solo un inciso.
A lo que iba, yo prefiero mostrarme
con una bonita erección. No suele ser difícil
de conseguir, porque la excitación produce
auténticos milagros, pero, a veces, resulta problemático.
Sobre todo cuando llevas media
hora esperando a que pase alguien, y la excitación
se ha convertido en frustración... o en
cabreo, tampoco sé muy bien qué es exactamente.
Pero este no es mi mayor problema.
Lo peor es que: ¡en invierno, hay muy poca
gente por la calle de noche!
Si van a algún sitio, lo hacen en coche.
Y la vuelta igual. Y no te digo nada de
cuando ha llovido. Esos días, ni me molesto
en salir. Además, la gente va muy tapada;
hay veces que entre abrigos, guantes, bufandas
y gorros, no sabes si te ha visto un tío,
una tía, o tu vecino calvo del bajo 2ª. A lo que
iba, que es muy difícil encontrar a una víctima
propicia. Y cuidado, que no quiero malentendidos:
con lo de víctima no pretendo
decir que vaya a violarla, ni nada parecido.
Que yo sólo soy un pervertido que busca
algo de diversión, y no creo que haga daño
a nadie. Porque no es que me dedique a pervertir
a las niñas en las puertas de los colegios.
Que no soy gilipollas. Pero ya volveré
a este tema más tarde (no a si soy gilipollas,
a lo de pervertir niñas).
A lo que iba, que yo estoy en un oscuro
callejón, con los huesos llenos de escarcha,
cuando oigo unos pasos. Y lo de que estoy
helado es porque llevo tres cuartos de hora
esperando, y lo único que ha pasado es un
Fiesta. Salgo de la calle, para ver quién viene
(ya te digo que yo soy selectivo), y después
meterme en la siguiente calle y salir a sorprenderla
(gratamente, espero). Y veo un
montón de ropa que, con el viento en contra,
se arrastra lenta y pesadamente hacia mí.
¿Qué hago? ¿Me tiro a por todas, o aguardo
responsablemente (responsable con respecto
a lo que me pueda pasar, claro)?. Porque, en
verano, si una tía está cachas, se nota. Que
esa es otra ¿Y si me pega una paliza? Y ya no
están sólo las que son fuertes, porque ahora
hay mucha defensa personal, y mucho spray
de pimienta, que a la mínima te dejan hecho
polvo (y no en el sentido que me gustaría). Si
yo no les hago nada, ¿a qué viene tanta violencia?
Que yo no las voy a forzar ni nada.
Y dudo que la mayoría de exhibicionistas
vayan a hacerlo, porque los que violan a las
mujeres se llaman violadores, y no se abren
una gabardina delante de ti: te ponen
una navaja en el cuello, y te arrancan las
bragas. Ya sé que me estoy desviando del
tema, pero es que da gusto hablar contigo.
Debe de darte el coñazo mucha gente, porque
se nota que sabes escuchar.
Otra cosa que tiene el invierno es que
llevo abrigo de piel... Sí, ya te he dicho que
lo llevo, pero no sus consecuencias. Porque
imagínate que salgo confiado a ver quién
viene, y resulta que es un esquín, y me ve a
mí con un abrigo de piel de chinchilla que
es caro de la hostia, pero amariconea tanto
como cuesta. El esquín, al principio, se sorprende,
pero enseguida o se acerca a ti en
plan desafiante, o va a llamar al resto de sus
amigos. Y tus opciones son:
* Plantarle cara y quedar reducido a
algo menos de lo que eras.
* Atacar antes de que reaccione
y sufrir hematomas graves y hemorragias
varias.
Correr como un descosido.
Me parece que la elección es bastante
lógica. Porque, admitámoslo, yo no soy lo
que se dice fuerte. Ni lo que se dice delgado.
Vale, tampoco soy lo que se dice guapo, pero
esto no viene al caso. A lo que iba, que, como
no me apetece convertirme en pulpa, elijo
la opción “c” (recuerda, SIEMPRE hay una
opción “c”).
Nunca hay peligro de que me tope con
una panda de pelaos, porque yo no trabajo
con grupos. Si oigo más de una serie de
pasos, a otra cosa, mariposa.
Recuperando el tema de antes de las
niñas, hay que ser estúpido para desnudarse
en frente de un colegio. ¿o es que no saben
que van a llamar a la poli? Estúpidos... Yo, en
cambio, voy a lo seguro (dentro de lo seguro
que puede ser mostrarte desnudo a desconocidas
en plena calle). Antes de “ejercer” en
un sitio, lo vigilo bien antes, una noche o
dos. Es importante que haya buena iluminación,
y, sobre todo, un escondite cerca. Más
que nada porque si puedo escapar antes de
que una judoka me abra la cabeza, duele bastante
menos. Y, aunque lo haya planificado,
aquí también se aplica la ley de Murphy (uno
de los mayores genios de nuestro tiempo):
si algo puede salir mal, saldrá mal. Pero, a
lo que iba, yo no quiero causar a las pobres
niñas un trauma (solo de pensar que alguien
le puede hacer eso a mis hijas me pongo
malo). Prefiero a las adultas, o a las adolescentes
maduritas, que no les va a pasar nada
por ver otro pene. Y nadie les obliga a mirar,
que no es cuestión de ir forzando al personal
(lo que nos lleva nuevamente a la cuestión de
“¿Por qué me pegas, criatura?”).
Bueno, creo que voy a dejar de darte
la brasa, que seguro que debes estar empezando
a aborrecerme.
¿te has dado
cuenta de que cejan en su empeño se ha convertido
en una auténtica perífrasis?... Bueno,
era solo un inciso.
A lo que iba, yo prefiero mostrarme
con una bonita erección. No suele ser difícil
de conseguir, porque la excitación produce
auténticos milagros, pero, a veces, resulta problemático.
Sobre todo cuando llevas media
hora esperando a que pase alguien, y la excitación
se ha convertido en frustración... o en
cabreo, tampoco sé muy bien qué es exactamente.
Pero este no es mi mayor problema.
Lo peor es que: ¡en invierno, hay muy poca
gente por la calle de noche!
Si van a algún sitio, lo hacen en coche.
Y la vuelta igual. Y no te digo nada de
cuando ha llovido. Esos días, ni me molesto
en salir. Además, la gente va muy tapada;
hay veces que entre abrigos, guantes, bufandas
y gorros, no sabes si te ha visto un tío,
una tía, o tu vecino calvo del bajo 2ª. A lo que
iba, que es muy difícil encontrar a una víctima
propicia. Y cuidado, que no quiero malentendidos:
con lo de víctima no pretendo
decir que vaya a violarla, ni nada parecido.
Que yo sólo soy un pervertido que busca
algo de diversión, y no creo que haga daño
a nadie. Porque no es que me dedique a pervertir
a las niñas en las puertas de los colegios.
Que no soy gilipollas. Pero ya volveré
a este tema más tarde (no a si soy gilipollas,
a lo de pervertir niñas).
A lo que iba, que yo estoy en un oscuro
callejón, con los huesos llenos de escarcha,
cuando oigo unos pasos. Y lo de que estoy
helado es porque llevo tres cuartos de hora
esperando, y lo único que ha pasado es un
Fiesta. Salgo de la calle, para ver quién viene
(ya te digo que yo soy selectivo), y después
meterme en la siguiente calle y salir a sorprenderla
(gratamente, espero). Y veo un
montón de ropa que, con el viento en contra,
se arrastra lenta y pesadamente hacia mí.
¿Qué hago? ¿Me tiro a por todas, o aguardo
responsablemente (responsable con respecto
a lo que me pueda pasar, claro)?. Porque, en
verano, si una tía está cachas, se nota. Que
esa es otra ¿Y si me pega una paliza? Y ya no
están sólo las que son fuertes, porque ahora
hay mucha defensa personal, y mucho spray
de pimienta, que a la mínima te dejan hecho
polvo (y no en el sentido que me gustaría). Si
yo no les hago nada, ¿a qué viene tanta violencia?
Que yo no las voy a forzar ni nada.
Y dudo que la mayoría de exhibicionistas
vayan a hacerlo, porque los que violan a las
mujeres se llaman violadores, y no se abren
una gabardina delante de ti: te ponen
una navaja en el cuello, y te arrancan las
bragas. Ya sé que me estoy desviando del
tema, pero es que da gusto hablar contigo.
Debe de darte el coñazo mucha gente, porque
se nota que sabes escuchar.
Otra cosa que tiene el invierno es que
llevo abrigo de piel... Sí, ya te he dicho que
lo llevo, pero no sus consecuencias. Porque
imagínate que salgo confiado a ver quién
viene, y resulta que es un esquín, y me ve a
mí con un abrigo de piel de chinchilla que
es caro de la hostia, pero amariconea tanto
como cuesta. El esquín, al principio, se sorprende,
pero enseguida o se acerca a ti en
plan desafiante, o va a llamar al resto de sus
amigos. Y tus opciones son:
N Plantarle cara y quedar reducido a
algo menos de lo que eras.
N Atacar antes de que reaccione
y sufrir hematomas graves y hemorragias
varias.
Correr como un descosido.
Me parece que la elección es bastante
lógica. Porque, admitámoslo, yo no soy lo
que se dice fuerte. Ni lo que se dice delgado.
Vale, tampoco soy lo que se dice guapo, pero
esto no viene al caso. A lo que iba, que, como
no me apetece convertirme en pulpa, elijo
la opción “c” (recuerda, SIEMPRE hay una
opción “c”).
Nunca hay peligro de que me tope con
una panda de pelaos, porque yo no trabajo
con grupos. Si oigo más de una serie de
pasos, a otra cosa, mariposa.
Recuperando el tema de antes de las
niñas, hay que ser estúpido para desnudarse
en frente de un colegio. ¿o es que no saben
que van a llamar a la poli? Estúpidos... Yo, en
cambio, voy a lo seguro (dentro de lo seguro
que puede ser mostrarte desnudo a desconocidas
en plena calle). Antes de “ejercer” en
un sitio, lo vigilo bien antes, una noche o
dos. Es importante que haya buena iluminación,
y, sobre todo, un escondite cerca. Más
que nada porque si puedo escapar antes de
que una judoka me abra la cabeza, duele bastante
menos. Y, aunque lo haya planificado,
aquí también se aplica la ley de Murphy (uno
de los mayores genios de nuestro tiempo):
si algo puede salir mal, saldrá mal. Pero, a
lo que iba, yo no quiero causar a las pobres
niñas un trauma (solo de pensar que alguien
le puede hacer eso a mis hijas me pongo
malo). Prefiero a las adultas, o a las adolescentes
maduritas, que no les va a pasar nada
por ver otro pene. Y nadie les obliga a mirar,
que no es cuestión de ir forzando al personal
(lo que nos lleva nuevamente a la cuestión de
“¿Por qué me pegas, criatura?”).
Bueno, creo que voy a dejar de darte
la brasa, que seguro que debes estar empezando
a aborrecerme.
Por cierto, ¿no te importa que te tuteé,
verdad? Espero que no, por la cuenta que me
trae.
Hale, hasta luego.
AGRADECIMIENTOS DEL EXHIBICIONISTA, QUE DESEA PERMANECER EN
EL ECONOMATO:
A mi psiquiatra, por morir ahogado en una hamburguesería, y así dejarme en paz (y, sobre
todo, dejar de cobrarme)
A ti, por escucharme.
A mis hijas, por poseer mis ilusiones.
A mi mujer, por ser quien y como es.
A mamá y a papá, por educarme.
Y a Sergio de Isidro por permitirme protagonizar un relato y no morir en el intento.